9. Las llamadas de larga distancia eran para emergencias
Llamar a otra ciudad o país costaba una fortuna. Se pagaba por minuto. Las conversaciones eran breves y directas. Si el teléfono sonaba tarde en la noche, el corazón se aceleraba.
Las noticias importantes se escribían en cartas que tardaban semanas en llegar. Para urgencias existían los telegramas, con mensajes cortos y esenciales.
La comunicación tenía peso. Cada palabra importaba
10. Viajar en avión era un evento glamoroso
Volar no era algo cotidiano. Era un acontecimiento. Las personas se vestían como si asistieran a una gala: traje y corbata, vestidos elegantes, peinados impecables. El aeropuerto era escenario de despedidas largas y emotivas.
Podías acompañar al viajero hasta la puerta del avión sin pasar por estrictos controles. Dentro, los asientos eran amplios, la comida se servía en vajilla real y el servicio parecía de primera clase para todos. Se fumaba, se brindaba con whisky y los niños podían entrar a la cabina a saludar a los pilotos.
Volar era magia.
Las luces de neón iluminaban la pista de baile, el vinilo giraba sin pausa y las plataformas golpeaban el suelo con ritmo decidido. No había cámaras grabándolo todo ni notificaciones interrumpiendo el momento. Los años 70 fueron una década intensa, contradictoria, a veces excesiva… pero profundamente humana.
Hoy recordamos diez cosas que marcaron esa época y que, para bien o para mal, no volverán jamás.