Pero la curación no se produce de repente.
Es una serie de pequeñas decisiones.
Decir la verdad.
Pedir ayuda.
Elegirte a ti mismo.
Meses después, tenía mi propio lugar. Una vida tranquila. Un espacio seguro.
Y en mi siguiente cumpleaños, rodeado de gente que me quería, mi padre me entregó un regalo y me dijo:
“Este año te sienta mejor.”
Tenía razón.
Porque finalmente comprendí algo importante:
Sobrevivir no se trata solo de soportar el dolor.
A veces…
Se trata de alejarse, alzar la voz y negarse a proteger a quien te ha hecho daño.