El millonario volvió a casa temprano… entonces la criada susurró: “Guarde silencio, señor. Necesita ver esto ahora mismo.”

—Vuelve a hablar de mi hija y tu apellido no vuelve a entrar a ningún consejo, banco ni proyecto donde yo tenga voz.

Nicolás tragó saliva.

En ese momento entró Héctor con dos hombres de seguridad. Detrás apareció Sara Villalobos, empapada por la lluvia, con un portafolio en la mano y furia en los ojos.

Revisó los documentos.

—Esto intenta activar una evaluación mental de una menor sin consentimiento completo. Es ilegal y depredador.

Renata alzó la voz.

—¡Yo sólo estaba protegiendo a mi familia!

Entonces Valentina apareció en la escalera, pálida pero de pie. Maricela iba detrás de ella.

—Valentina, vuelve a tu cuarto —ordenó Renata.

—No.

Fue una palabra pequeña, pero hizo temblar el salón.

Valentina bajó despacio.

—Me dijiste que papá escogería la empresa antes que a mí. Me dijiste que si no firmaba, me mandarías a un lugar donde nadie escucharía mis berrinches. Me dijiste que las niñas como yo se corrigen antes de destruir a sus familias.

Renata apretó la copa hasta casi romperla.

—Eres una malagradecida.

Alejandro se interpuso.

—No le vuelvas a hablar así.

Maricela levantó el celular.

—Tengo todo grabado.

Luego sacó unas copias dobladas.

—También encontré los papeles de La Casa Clara, en Cuernavaca.

Sara palideció.

—Es una clínica privada. Muy discreta. Muchas familias la usan para esconder jóvenes incómodas.

Valentina tomó la mano de Alejandro con fuerza.

Sara leyó en voz alta:

—Ingreso programado para esta noche. Traslado a medianoche. Motivos: inestabilidad emocional, desobediencia, apego inapropiado a empleada doméstica y rechazo de obligaciones familiares.

Alejandro cerró los ojos.