En una entrevista concedida durante la celebración de su cumpleaños número 120, resumió su estado de salud con una frase que se volvió célebre: «Veo mal, oigo mal, no siento nada, pero todo va bien». Esa manera directa y despreocupada de enfrentar el paso del tiempo reflejaba una actitud ante la vida que muchos especialistas consideran clave para explicar su longevidad.
Tras su fallecimiento, el interés por descubrir el secreto de su larga vida no disminuyó. Jeanne solía atribuir su bienestar a factores simples: mantenerse en movimiento, conservar la mente activa y, sobre todo, no perder el buen humor. Solía bromear sobre su aspecto físico y llegó a decir que solo tenía «una arruga y estaba sentada sobre ella», una muestra clara de su ironía constante.
El investigador médico Jean-Marie Robin, quien trabajó junto al médico personal de Calment en una biografía, aportó una visión más profunda sobre su caso. Según explicó, más allá de la dieta o los hábitos concretos, Jeanne poseía una característica poco común: una notable resistencia al estrés. En palabras del propio especialista, citadas por The New York Times: «Creo que era una persona que, desde el punto de vista constitucional y biológico, era inmune al estrés». Y recordó una de las frases que Jeanne repetía con frecuencia: «Si no puedes hacer nada al respecto, no te preocupes».