Durante exactamente una noche, Mia durmió plácidamente.
Entonces volvieron a empezar las quejas.
“Mamá… está pasando otra vez.”
Fue entonces cuando decidí instalar una pequeña cámara de seguridad en su habitación.
Al principio, pensé que solo era para tranquilizarme. Mia siempre se movía mucho durante la noche y tal vez daba patadas contra el marco de la cama.
La cámara estaba conectada a una aplicación en mi teléfono, así que podía vigilar la habitación cuando quisiera.
Durante las primeras noches no ocurrió nada fuera de lo común.
Mia durmió con normalidad.
La cama no se movió.
Pero en la décima noche me desperté de repente.
El reloj digital marcaba las 2:00 de la mañana.
Mi teléfono vibró con una notificación.
Movimiento detectado: Habitación de Mia.
Aún medio dormido, abrí la transmisión de video de la cámara.
La imagen captada con visión nocturna mostraba a Mia tumbada de lado bajo la manta.
Todo parecía tranquilo.
Entonces el colchón se movió.
Solo un poquito.
Como si algo debajo se hubiera movido.
Sentí un nudo en el estómago.
Porque la cama de Mia no tenía cajones para guardar cosas.
Debajo no había nada más que el suelo de madera.
Pero frente a la cámara…
Algo se estaba moviendo claramente.
Me quedé mirando la pantalla del móvil, intentando convencerme de que lo estaba imaginando. La imagen borrosa en blanco y negro, capturada con visión nocturna, mostraba a Mia tumbada de lado, inmóvil, con su pequeño pecho subiendo y bajando suavemente con cada respiración. La habitación estaba en silencio. El único movimiento provenía del suave aleteo de la cortina cerca de la ventana. Por un instante, el colchón dejó de moverse y todo pareció volver a la normalidad.
Luego se movió de nuevo.
No con fuerza, solo una suave presión desde abajo, como si alguien empujara hacia arriba con el hombro o la rodilla. El colchón se hundió ligeramente bajo la espalda de Mia.
Mi corazón empezó a latir con fuerza.
“Mia…” susurré para mí misma, aunque ella no podía oírme a través de la cámara.
El movimiento se repitió, esta vez con mayor intensidad. El colchón se elevó ligeramente en el centro antes de volver a asentarse.
Mi mente buscaba desesperadamente una explicación plausible.
Quizás el marco estaba dañado.
Quizás se había roto un resorte.