
El viaje de regreso a casa estuvo lleno de una nueva paz y comprensión. Emily se dio cuenta de que su intento de proteger a su hija de su pasado había dejado, sin querer, a Clara expuesta a la crueldad del mundo. Ahora, para Clara, las cicatrices ya no representaban a un “monstruo” ni una tragedia, sino un símbolo de un inmenso valor, fortaleciendo un vínculo más poderoso que cualquier insulto del patio escolar.