Mi tío me crió después de que mis padres murieran, hasta que su muerte reveló la verdad que había ocultado durante años.

Impulsada por el último regalo de Ray, Hannah se inscribió en un programa intensivo de fisioterapia, determinada a no desperdiciar las oportunidades por las que él sacrificó su vida. El camino fue arduo y requirió entrenar músculos que habían estado inactivos durante veinte años, pero finalmente alcanzó el hito de mantenerse de pie por unos segundos. Hannah reconoce que el perdón es un proceso gradual, pero sabe que Ray nunca huyó de sus errores. Eligió vivir con las consecuencias de aquella noche y, aunque no pudo deshacer el accidente, llevó a Hannah hasta el umbral de una vida nueva e independiente.