Estar atentos a las tentaciones.
No descuidar la vida interior.
Eliminar los “pequeños pecados” antes de que se multipliquen.
La vida espiritual no se sostiene con grandes gestos ocasionales, sino con fidelidad diaria en lo pequeño.
9. Paciencia, perseverancia y tiempo de Dios
Un gato puede esperar horas sin moverse hasta el momento exacto. Esta actitud enseña que la vida espiritual no es una carrera rápida, sino un camino de constancia. Dios actúa a su tiempo, no al nuestro.
La verdadera fe sabe esperar sin desesperarse.