Dentro de la tienda del recibo, compré un hermoso vestido de esmeralda.
En la caja me preguntaron: —¿Es un regalo?
—Sí —dije—. Para mí. De mí.
Y eso se sintió exactamente bien.
Dentro de la tienda del recibo, compré un hermoso vestido de esmeralda.
En la caja me preguntaron: —¿Es un regalo?
—Sí —dije—. Para mí. De mí.
Y eso se sintió exactamente bien.