—Déjelo despedirse —dijo ella—. El notario llegará pronto.
—El médico ya lo dijo —respondió Ryan con frialdad—. No voy a pagar para mantener vivo un cuerpo sin vida.
Un cuerpo vacío.
La rabia me invadió.
“¡Mi mamá va a volver!”, gritó Ethan.
Ryan rió suavemente. “No, no lo es.”
Claire se inclinó hacia mí y me arregló el pelo.
—Incluso inconsciente, le encanta hacerse la víctima —susurró.
Entonces su voz se volvió aún más grave.
“Cuando ella muera, sacaremos al niño del país. Ya está todo arreglado.”
Ethan retrocedió.
“¿Me llevas contigo?”
“Un lugar donde no te harán preguntas”, dijo Ryan.
“¡Quiero a mi mamá!”
“Ella ya no decide nada.”
“¡Sí, lo hace! Me dijo que si pasaba algo, debía llamar a la Sra. Parker.”
Silencio.
Sra. Parker.
Mi abogado.
La única persona que sabía que había cambiado mi testamento hacía dos semanas.
Ryan cerró la puerta con llave.
“¿Qué abogado?”
Claire se puso rígida. "Ese chico sabe demasiado".
Y luego-
Sucedió.
Un dedo.
Se movió.
Ethan lo vio, pero no dijo nada.
Se inclinó hacia ella y susurró:
“Mamá, no te muevas. Ya pedí ayuda”.
—¿Qué dijiste? —espetó Ryan.
“Le dije que la amo.”
Claire metió la mano en su bolso.
“El notario está abajo.”
Ryan me agarró la mano con fuerza.
“Vas a firmar esos papeles, Emily. De una forma u otra.”
Pero ya no me estaba muriendo.
Estaba esperando.
Cinco minutos después, llamaron a la puerta.
—Debe ser el notario —dijo Claire.
La puerta se abrió.
Pero la voz que siguió no era la de un notario.
