PARTE 1
El Juzgado 12 de lo Familiar en la Ciudad de México olía a humedad, a papel viejo y a promesas rotas. A sus 8 meses de embarazo, Jimena se acomodó el cinturón del vestido de maternidad mientras observaba, a través de los ventanales empañados, la incesante lluvia que caía sobre la capital. Afuera, el tráfico del Periférico era un caos absoluto, pero por dentro, ella sentía una paz fría y calculadora. Hoy no era un día para llorar, aunque las gotas de octubre resbalaran por el cristal como las lágrimas que ella se negaba a derramar. Hoy era el día en que recuperaría su dignidad por completo, aunque nadie en ese edificio lo sabía todavía.
“¿Estás segura de que quieres enfrentar esto sola, mija?”, preguntó Doña Carmen, su madre, apretando el volante del auto estacionado frente al juzgado. Las manos arrugadas de la mujer delataban la inmensa tensión que intentaba ocultar para proteger a su hija.
“Nunca he estado más segura de algo en mis 32 años de vida, mamá”, respondió Jimena, con una voz extrañamente serena para una mujer que estaba a punto de divorciarse del padre del hijo que llevaba en el vientre. En sus ojos castaños brillaba una chispa de determinación absoluta. Desde que descubrió la brutal traición de Mateo, Jimena había dejado de ser la ingenua administradora que creía en los cuentos de hadas. Ahora era una mujer herida, pero con 1 plan maestro.
El celular de Jimena vibró en su bolso. Era 1 mensaje de su abogado, el Licenciado Arturo: “Ya estoy en la sala 4. Todo está preparado exactamente como lo planeamos. Confía en mí”. Jimena esbozó 1 leve sonrisa. Confianza, qué palabra tan irónica después de los últimos 8 meses de mentiras.
Los recuerdos inundaron su mente de golpe: el día que encontró los recibos de 1 lujoso departamento de soltero en Polanco, las mentiras sobre reuniones nocturnas con clientes en Santa Fe, las llamadas susurradas que Mateo cortaba de tajo cuando ella entraba a la habitación. Y finalmente, aquella tarde en la que vio a Valeria salir del portal de ese mismo edificio, arreglándose la blusa con una sonrisa de satisfacción. Valeria, la ex compañera de la universidad que siempre había envidiado la vida de Jimena. Ahora, la amante creía haberse quedado con el premio mayor, pero no tenía la menor idea de lo que realmente estaba a punto de perder en el proceso.
Unos golpes secos en la ventanilla del auto sacaron a Jimena de sus pensamientos. Era Mateo, luciendo 1 traje sastre gris Oxford impecable y esa sonrisa arrogante que últimamente usaba como armadura. A su lado estaba Valeria, entallada en 1 vestido rojo pasión que seguramente costaba más que el salario de 6 meses de un obrero, caminando sobre tacones de aguja que resonaban contra el asfalto mojado.
Jimena bajó el cristal apenas 5 centímetros.
“¿Vamos entrando?”, preguntó Mateo con una cortesía falsa y ensayada. “El juez nos espera a las 10 en punto y tengo 1 junta importante con 3 inversionistas de Monterrey a las 14 horas. Quiero terminar este trámite lo antes posible”.
“Por supuesto, no quisiera hacer esperar al juez en el día más importante de tu vida”, respondió Jimena, abriendo la puerta del auto con dificultad por su enorme vientre.
Valeria se acercó con esa sonrisa venenosa que había perfeccionado. “Jimena, querida, espero de todo corazón que no haya rencores. Al final, esto es lo mejor para todos. Mateo es 1 empresario exitoso y necesitaba a su lado a 1 mujer que fuera su igual en el mundo corporativo. Tú ahora tienes otras prioridades mucho más caseras”. La mirada de Valeria se detuvo despectivamente en el embarazo de Jimena.
“Las prioridades cambian, Valeria”, dijo Jimena con una tranquilidad pasmosa. “Y hoy vas a descubrir exactamente cuáles son las mías”.
El tono gélido hizo que Valeria frunciera el ceño, pero Mateo ya caminaba hacia la entrada, revisando su reloj de oro. Subieron las escaleras de mármol del juzgado. Valeria caminaba 2 pasos por delante, contoneándose como modelo de pasarela, marcando territorio. En el elevador, mientras los números subían hasta el piso 5, Mateo revisó los papeles de su maletín de cuero italiano.
“¿Todo en orden, mi amor?”, preguntó Valeria, poniendo 1 mano posesiva sobre el brazo de Mateo.
“Todo perfecto. En 1 hora todo esto será historia, conservaré mi empresa constructora y empezaremos nuestra nueva vida de lujos”, susurró Mateo, ignorando por completo a la madre de su futuro hijo.
Jimena mantuvo la mirada fija en las puertas metálicas. Efectivamente, en 1 hora todo habría terminado, pero el imperio que ellos creían tener estaba a punto de derrumbarse.
No puedo creer lo que está a punto de pasar…
PARTE 2
Sala de audiencias. 10 con 15 minutos de la mañana. El juez, 1 hombre de 60 años con expresión de fastidio, revisó el expediente del divorcio. “Procedemos con la disolución del matrimonio entre el señor Mateo Zepeda y la señora Jimena Ortiz. Señor Zepeda, ¿ratifica su solicitud de divorcio por mutuo acuerdo y los términos de separación de bienes?”.
Mateo se enderezó en su silla, irradiando arrogancia corporativa. “Sí, su señoría. Hemos acordado que cada quien conservará lo suyo. Yo mantendré el control absoluto de Constructora Zepeda, mis inversiones y el departamento de Polanco. Mi ex esposa se quedará con la casa de Coyoacán. Todo está perfectamente claro”. Mateo le lanzó 1 mirada de victoria a Valeria, quien observaba desde la primera fila del público.
“Señora Ortiz, ¿usted ratifica?”, preguntó el juez.
“Lo ratifico plenamente, su señoría”, respondió Jimena con voz firme.
El abogado de Mateo, 1 hombre corpulento que sudaba a mares bajo su traje, sacó una pluma para firmar. Pero el Licenciado Arturo, abogado de Jimena, se puso de pie abruptamente.
“Su señoría, antes de proceder con las firmas definitivas, necesitamos aclarar 1 aspecto patrimonial fundamental que el señor Mateo ha omitido de manera conveniente en sus declaraciones”, dijo Arturo, abriendo 1 gruesa carpeta azul.
Mateo frunció el ceño. “¿Qué aspecto? Todo está documentado. Yo soy el dueño de la constructora”.
“Me refiero al acta constitutiva original de Constructora Zepeda, registrada en el año 2018”, continuó el Licenciado Arturo con precisión quirúrgica. “Según el Registro Público de la Propiedad y el Comercio de la CDMX, la empresa fue fundada con 1 capital inicial de 3000000 de pesos. Ese capital fue aportado en 1 100 por ciento por la señora Jimena Ortiz, utilizando el dinero íntegro de la herencia de su abuelo. El señor Mateo figura únicamente como administrador único y representante legal. Las acciones totales de la empresa pertenecen exclusiva y legalmente a mi clienta”.
El silencio que cayó sobre la sala fue tan denso que casi asfixiaba. Valeria dejó de sonreír al instante, soltando su costoso bolso de diseñador que cayó al suelo con 1 ruido sordo. Mateo parpadeó 4 veces, como si las palabras en español de pronto hubieran perdido todo su sentido.
“Eso… eso es imposible”, balbuceó el abogado de Mateo. “¡Mi cliente firma todos los contratos millonarios! ¡Él toma las decisiones operativas!”
“Es una estructura perfectamente legal para separar la operación de la propiedad de la empresa”, replicó Arturo.
Mateo sintió que la sangre se le escurría hasta los talones. “¿Pero cómo? Yo levanté esa constructora… yo trabajo de sol a sol”.