Pero no le salieron las palabras.
Porque en el fondo…
Ya lo sabía.
Lo que creía haber ganado…
Él nunca le había pertenecido de verdad.
—
Adrian se quedó.
«Podemos arreglar esto…»
Negué con la cabeza.
«Ya lo hemos solucionado.»
—
«María, por favor…»
«Estás en el lugar equivocado», dije en voz baja. «Ve a construir tu vida… en otro sitio.»
—
Se fue.
Y la puerta se cerró tras él.
—
La casa quedó en silencio.
Pero no como antes. No era un silencio tenso.
Era un silencio apacible.
—
Esa noche me senté sola en la sala.
Miré a mi alrededor…
Las paredes, los muebles, cada rincón que me llamaba la atención, mi paciencia, mi historia.
—
Y comprendí algo.
—
No había perdido nada.
—
Ellos tuvieron un sueño.
—
Y cuando se acabó…
Ya nada fue igual.
ver continúa en la página siguiente