"¿Dónde está?" La voz de Valeria salió como un suspiro, pero cortó el aire como una cuchilla.
Descubre más
Familia
Familia
El hombre que interrumpió la ceremonia fue Julian, el investigador privado que ella había contratado para rastrear los registros financieros de Sebastian durante los últimos tres años. Jadeaba, con un sobre marrón arrugado en las manos.
"Aquí no, señora. Tenemos que irnos ya", insistió, lanzando una mirada cautelosa a Sebastián, que parecía estar recuperando la compostura y la arrogancia.
"¡No vas a ir a ningún sitio!" rugió Sebastián, dando un paso adelante. "Esta farsa termina aquí. Mis abogados harán..."
Valeria se volvió hacia él. El odio que antes la consumía ahora se mezclaba con una determinación feroz y maternal. "Si das un paso más, Sebastian, publicaré el audio de esa noche. El audio en el que admites que tiraste a mis hijos al río para complacer a tu amante. ¿Quieres que te arresten hoy o prefieres esperar mi señal?"
Sebastian se detuvo. Su silencio era la confirmación que los invitados necesitaban. Los flashes de las cámaras comenzaron a dispararse frenéticamente. Lucía, temblando de miedo, intentó esconderse tras una columna, pero Valeria no le prestó atención. Salió del salón, dejando su imperio y su venganza en pausa. El pasado llamaba.
El secreto de San Telmo
Julian la llevó hasta un coche blindado negro. Mientras conducían por la ciudad bajo las luces de neón, él le entregó una fotografía gastada. En ella, un niño de unos cinco años, con ojos que eran exactamente el reflejo de Valeria, estaba sentado en un escalón de piedra, sosteniendo un pequeño bote de madera.
"Se llama Mateo", dijo Julian. "Fue rescatado por un pescador río abajo, a diez kilómetros de donde... donde ocurrió. El hombre era viudo y vivía en aislamiento. Crió al niño como a un nieto, pero falleció hace dos meses."