La hija que se casó lejos envió de repente a su padre un par de zapatos de cuero talla 41, aunque él usa talla 44. El padre, que amaba demasiado a su hija como para molestarla por algo tan pequeño, guardó los zapatos con cariño en el armario. Pero exactamente cinco meses después, cuando abrió la caja por accidente, quedó tan sorprendido que las manos comenzaron a temblarle…

Ella los tomó en sus manos.

Sonrió.

—Entonces guárdalos siempre.

—Para recordar que una hija nunca olvida a su padre.

Cerré la caja con cuidado.

La volví a colocar en el armario.

Pero esta vez comprendí algo.

Aquellos zapatos no guardaban dinero.

Guardaban algo mucho más valioso.

El amor de una hija que nunca dejó de pensar en su padre.