La millonaria decidió despedir a su empleada por ausencias reiteradas…

—Entonces… —murmuró él—. Mantienes a seis personas.

Carlos asintió.

—Trabajo de noche limpiando oficinas.

—Durante el día cuido a los niños.

—Y llevo a Elena al hospital cuando podemos.

Laura bajó la mirada.

Su reloj suizo brillaba a la luz de la ventana.

Ese reloj valía más que toda la casa.

Por primera vez en años, sintió vergüenza.

—¿Por qué nunca dijiste nada? —preguntó él.

Carlos sonrió débilmente.

—Porque no quería perder mi trabajo.

Laura sintió que algo se rompía en su interior.

Durante años había visto a Carlos todos los días.

Siempre puntual.

Siempre silencioso.

Nunca imaginó que después de limpiar su oficina volvería a una vida así.

El bebé empezó a llorar.