La millonaria decidió despedir a su empleada por ausencias reiteradas…

Cuando Laura volvió a mirar a Carlos, algo en su expresión había cambiado. Ya no veía a un empleado. Veía a un hombre exhausto. —Mi esposa se llama Elena —dijo Carlos en voz baja—. Le diagnosticaron insuficiencia renal hace dos años.

Laura guardó silencio.

—Necesita diálisis… tres veces por semana.

Carlos acomodó al bebé sobre su hombro.

—Pero el hospital público está saturado. A veces pasan semanas sin que la atiendan.

Laura miró a la mujer en la cama.

Elena apenas podía mantener los ojos abiertos.

—¿Y los niños? —preguntó Laura.

Carlos respiró hondo.

—Son nuestros.

Luego hizo una pausa.

—Y dos más… son de mi hermana.

Laura levantó la vista.

—¿Tu hermana?

—Murió el año pasado —dijo Carlos—. En un accidente de autobús.

El silencio llenó la habitación.

—No podía dejar solos a mis sobrinos… así que me quedé con ellos.

Laura sintió una opresión en el pecho.