Luego, Rachel envía un mensaje a toda la familia, asumiendo la responsabilidad y defendiendo a Emily. La dinámica familiar cambia.
Con el tiempo, comienzan los cambios reales: Se acaban las bromas.
Se acaban los comentarios sobre el cuerpo. La crueldad desaparece.
Emily no “resplandece” por fuera. Crece por dentro.
Deja de rogar por amor y empieza a elegir la paz.
En una cena familiar, se sienta en la mesa sin encogerse.
Y la sala la respeta. Porque el problema nunca fue su cuerpo — fue su negativa a quedarse pequeña.