Se giró bruscamente. Su rostro cambió al verme.
Intentó ocultar el plato.
—Nada… solo… tenía hambre.
Pero algo no encajaba.
La verdad empieza a salir
Fui directo a la habitación de mi esposa.
La encontré débil, con los ojos apagados.
—¿Estás bien? —le pregunté.
Dudó… y luego susurró:
—Tu madre… no me deja comer bien…
Mi corazón se detuvo.