Emma miró a su madre sin poder creerlo.
“Me caí por las escaleras.”
“Tú lo empeoraste”, respondió Diane con frialdad.
Khloe cruzó los brazos con dramatismo.
“Siempre intenta hacerme quedar mal.”
Emma sintió que algo dentro de ella finalmente se rompía.
Esto ya no tenía que ver con discusiones.
No tenía que ver con tensiones familiares.
Su hija estaba en peligro.
“Necesito una ambulancia”, dijo Emma.
Los labios de Diane se tensaron.
“Discúlpate primero.”
Emma miró a los tres.
Su madre.
Su padre.
Su hermana.
Todos protegiendo a la persona que la había empujado.
Otro calambre doloroso atravesó su cuerpo.
Entonces Luna se movió débilmente bajo su mano.
Emma inhaló con dificultad.
“Lo siento”, susurró.
El rostro de Khloe cambió al instante.
Un destello de triunfo brilló en sus ojos.
“¿Por qué?”, preguntó Khloe suavemente.
Emma entendió todo en ese momento.
“Por hacerte enfadar”, logró decir.
“Y por no darte mi tarjeta de crédito.”
Diane se relajó con alivio.
“Ya está”, dijo con dulzura. “Ahora podemos seguir.”
Fue entonces cuando Emma alcanzó su teléfono.
Le temblaban violentamente los dedos mientras llamaba a su esposo.
Marcus contestó de inmediato.
“Hola, cariño. ¿Cómo va el almuerzo?”
Emma cerró los ojos.
Por un segundo quiso llorar.
Pero en su lugar dijo:
“Necesito que grabes esta llamada.”
Marcus se quedó en silencio al instante.
Luego su voz cambió por completo.
“¿Qué pasó?”
“Graba esto”, dijo Emma lo bastante alto para que el pasillo lo escuchara.
“Y llama al 911.”
Diane se congeló.
Robert dio un paso adelante.
El rostro de Khloe perdió el color.
“Tengo ocho meses de embarazo”, dijo Emma con claridad.
“Estoy sangrando.”
“Y Khloe me empujó por las escaleras.”