Ese mismo día, en un arrebato de arrogancia, Adrian había priorizado la imagen sobre la lealtad. Despidió a su esposa, convencida de que no tenía cabida en un evento de esa envergadura. Para él, las apariencias definían el valor, y creía haber moldeado cuidadosamente la imagen que los demás proyectaban de él. Pero a medida que avanzaba la noche, el ambiente comenzó a cambiar. La música se apagó, las conversaciones se silenciaron y las luces se atenuaron. Un único foco iluminó la gran entrada cuando el Sr. Harrison Blackwood dio un paso al frente para anunciar la llegada de la fundadora y presidenta de la compañía. La expectación inundó la sala mientras todas las miradas se dirigían hacia las puertas.
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