Parte 2 Isabella se detuvo en la entrada de la cocina....

Entonces, algo cambió.

Isabella tragó.

Y en su rostro apareció una sonrisa pequeña, pero real.

“Quiero más”, dijo con una voz débil pero clara.

Ese simple gesto rompió todo.

Alejandro corrió hacia ella, arrodillándose a su lado. Sus ojos se llenaron de lágrimas que no intentó ocultar. Durante meses había temido perderla, había visto cómo su vida se apagaba poco a poco, y ahora, en ese instante, todo parecía volver.

“Mi amor… come todo lo que quieras”, susurró, con la voz temblorosa.

Isabella tomó más plátanos. Luego probó el arroz. Después el pollo. Comió despacio al principio, pero pronto comenzó a hacerlo con más ganas. No era solo hambre. Era algo más profundo, algo que la conectaba con una sensación que había perdido.

Cuando terminó el plato, miró a Elena.

“¿Hay más?”, preguntó.

Elena sonrió.

“Siempre habrá más para ti.”

Ese día cambió todo.

Desde ese momento, Isabella solo quería comer lo que Elena preparaba. Rechazaba cualquier otro alimento. No importaba cuánto lujo tuviera el plato o quién lo cocinara. Solo confiaba en Elena.

Los médicos quedaron sorprendidos cuando, en cuestión de semanas, la niña comenzó a recuperar peso. Su energía regresó. Sus ojos volvieron a brillar. Empezó a jugar, a reír, a hablar más.

La mansión, que antes estaba llena de tensión y silencio, se llenó de vida.

Alejandro no podía dejar de observar a Elena. No solo por lo que había hecho por su hija, sino por la forma en que lo había hecho. Nunca pidió reconocimiento. Nunca se comportó como alguien que había salvado una vida. Seguía siendo humilde, respetuosa, agradecida por la oportunidad.

Una noche, después de que Isabella se quedó dormida, Alejandro encontró a Elena en la cocina limpiando los utensilios.

“No deberías estar haciendo esto”, dijo él suavemente. “Hay personal para eso.”

Elena levantó la mirada y sonrió.

“Me gusta hacerlo. Me recuerda de dónde vengo.”

Alejandro se apoyó en la mesa, observándola.

“Has hecho más por mi hija que todos los médicos y chefs juntos. No sé cómo agradecerte.”

Elena dudó un momento antes de responder.

“Solo quiero una oportunidad. Quiero estudiar cocina de verdad. Quiero aprender, mejorar y algún día abrir mi propio restaurante.”

Alejandro no dudó.

“Lo tendrás. Todo lo que necesites.”