Parte 2
El corazón de David golpeaba con fuerza contra su pecho.
La casa… era exactamente como la había descrito Lily.
Alta. Silenciosa.
Y esa puerta azul… demasiado perfecta para un lugar que se sentía tan… equivocado.
Apagó el motor a unos metros y observó.
Su suegra, Evelyn, tocó la puerta con una seguridad inquietante.
No parecía nerviosa. No parecía dudar.
Como si ya hubiera hecho esto muchas veces.
La puerta se abrió.
Un hombre apareció.
David no pudo ver bien su rostro… pero sí notó algo:
no sonrió.
Solo miró a Lily… y luego asintió.
Evelyn entró con ella.
Y la puerta se cerró.
David esperó unos segundos.
Diez.
Veinte.
Treinta.
Cada segundo se sentía eterno.
Su mente gritaba que llamara a la policía.
Que rompiera la puerta.
Que hiciera algo.
Pero otra parte de él —la que había aprendido a observar antes de actuar— le dijo que necesitaba pruebas.
Respiró hondo.
Y avanzó.
Se acercó a la casa con el pulso acelerado.
Las ventanas estaban cubiertas con cortinas gruesas.
No había ruido.
Nada.