A ambos lados había casas coloridas, tan típicas de los barrios antiguos… aunque ahora, en mi nueva vida, todo parecía distinto, como si estuviera en algún rincón tranquilo de México, donde las calles también guardan historias en cada piedra.
Un perro dormía a la sombra de un árbol.
A lo lejos, se oía música que venía de un bar en la esquina.
La vida seguía.
La única que acababa de perder un capítulo entero de su historia… era yo.
Me dije a mí misma que no iba a mirar atrás.
Que nunca volvería a mirar esa casa.
Que nunca volvería a pensar en aquellos cinco años.
Ni en las cenas silenciosas.
Ni en las miradas frías.
Ni en las palabras dichas sin compasión.
Pero después de caminar unos metros…
Sentí una punzada en el pecho.
Una sensación extraña.
Como si algo no estuviera bien.
Me detuve.
Miré la bolsa de basura que llevaba en la mano.
Era demasiado ligera.
Una suave brisa recorrió la calle.
Unas hojas secas cayeron cerca de mis pies.
No sé por qué…
Abrí la bolsa.
Me quedé completamente paralizada.
No había basura dentro.