Salvó a un joven comanche… y volvió con toda la tribu

con toda su tribu después de que ella le salvara la vida.

Lo más difícil fue entender que los hombres que más le habían enseñado a temer no fueron los que intentaron destruir su hogar.

El que casi incendió la frontera por un pedazo de ribera hablaba como ella, rezaba como ella y cenaba en mesas como la suya.

Años después todavía hubo quienes dijeron que Abigail Hawthorne se había equivocado al interponerse entre Mercer y la venganza que se había ganado.

Otros sostuvieron que precisamente por eso salvó más vidas de las que nadie llegó a contar.

Y quizá esa fue la verdad más incómoda de todas: que en el Brazos, aquella mañana, no fue el río quien reveló qué clase de hombres tenían delante, sino la mujer que se negó a dejar que el miedo eligiera por ella.