Mientras subíamos las escaleras, el sonido de la música y las risas se hizo más fuerte.
Cuando entramos en la sala, la conversación se interrumpió casi al instante.
Varios invitados se volvieron hacia la escalera.
Era evidente que no esperaban que volviera esa noche.
Mi madre, Diane Reed, estaba de pie junto a la mesa del comedor con una copa de vino en la mano.
Su sonrisa apareció automáticamente.
"¡Evan! ¡Mi hijo! ¡Qué sorpresa!".
Pero la sonrisa se desvaneció rápidamente al ver a Meredith a mi lado.
Los invitados se miraron con inquietud.
Caminé hacia el centro de la sala.
"¿Quién organiza esta celebración?", pregunté con calma.
Mi madre levantó la barbilla.
"Estamos celebrando a la familia".
Asentí lentamente.
"Entonces, actuemos como tal".
Puse una mano tranquilizadora sobre el hombro de Meredith.
"Quédate conmigo".
Se quedó a mi lado, temblando ligeramente.
Entonces me dirigí a la sala.