Un perro que sigue durmiendo junto a la puerta del hospital donde murió su dueño, sin entender por qué ya no regresa.
Boris llegó al hospital a las seis de la mañana, como siempre. Sus patas conocían cada grieta del pavimento, cada desnivel en la acera que llevaba a las puertas de cristal del edificio blanco. Se instaló en el mismo lugar de siempre: junto al banco de hierro verde, desde donde podía ver tanto la entrada principal como la de emergencias.
Había perdido peso en las últimas semanas. Su pelaje dorado, antes brillante, ahora se veía opaco y despeinado. Pero sus ojos marrones seguían alertas, escaneando cada rostro que entraba y salía del hospital. Buscando el único rostro que importaba.
Don Esteban había sido su todo durante ocho años. El viejo carpintero lo había encontrado siendo cachorro, abandonado en una caja de cartón bajo la lluvia. "Vamos, pequeño gigante", le había dicho mientras lo envolvía en su chaqueta de trabajo. "Pareces un Boris." Y Boris había sido desde entonces.
Juntos habían caminado todas las mañanas al parque, compartido el almuerzo en el taller de carpintería, visto televisión en las noches. Esteban le hablaba como si fuera una persona, le contaba sus preocupaciones, sus alegrías. "¿Sabes qué, Boris? Hoy me salió perfecta la silla que estaba haciendo. Ya somos todo un equipo, ¿no te parece?"
Hace tres semanas, Esteban había comenzado a toser mucho. Una mañana, mientras desayunaban, se había desplomado. Boris había ladrado desesperadamente hasta que los vecinos llamaron a la ambulancia. Había seguido la camilla blanca hasta las puertas del hospital, pero ahí se habían cerrado para él.
"El perro no puede entrar", había dicho alguien con uniforme blanco. Boris no entendía las palabras, pero entendía el gesto. Se quedó esperando.
Los primeros días, varias personas intentaron llevárselo. Una señora mayor con una correa rosa: "Ven, pequeño, te voy a cuidar." Un joven que le ofreció comida: "No puedes quedarte aquí, amigo." Hasta vinieron del refugio de animales, pero Boris se escondía cada vez que veía la camioneta blanca con jaulas.
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