Una hora. Solo una hora entre la inocencia y la determinación

—Todavía no he terminado.

Lo miré directamente a los ojos.

—¿Sabes qué más descubrí?

Silencio.

—La prueba prenatal de Erica.

James frunció el ceño.

—¿Qué prueba?

Saqué el último documento.

—El ADN.

Lo leyó.

Y entonces su cara cambió por completo.

—Eso… eso es falso.

—No.

Apoyé las manos sobre la mesa.

—El bebé no es tuyo.

El silencio fue brutal.

James susurró:

—¿Qué?

—Erica llevaba seis semanas viendo a otra persona.

—Un inversor con quien trabajaba.

—Hicieron la prueba porque ella quería asegurarse antes de mudarse contigo.

James dejó caer el papel.

—No…

—Sí.