Una prisionera condenada a muerte queda embarazada en prisión; el director de la cárcel revisa las imágenes de las cámaras de seguridad y queda atónito al descubrir la verdad.

Carolia Tröjillo, de 38 años, fue anteriormente jefa de departamento en el Hospital General del Estado de Veracruz.

Era conocida por sus ojos brillantes y su sonrisa radiante, capaces de tranquilizar incluso a los pacientes más ansiosos y devolverles la esperanza en los momentos más oscuros.

Su vida había sido una sucesión de sacrificios, pero también llena de significado.

Había criado sola a su hija de once años, fruto de una breve relación que la había marcado para siempre, pero que también le había dado la fuerza para afrontar todos los desafíos.

Todo cambió el día en que Carolia fue condenada a muerte por un crimen que ella siempre negó haber cometido.

El sistema judicial, con sus fallos y sus procedimientos expeditivos, la arrojó a una celda fría y oscura, rodeada de barrotes de hierro que parecían burlarse de su existencia.