La cena se sintió diferente aquella noche. No tensa, solo desconocida.
Edwin se sentó al final de la mesa como si no quisiera ocupar espacio.
Dora le preguntó algo pequeño, creo que sobre el trabajo.
Él respondió.
Lyra siguió con otra pregunta.
Jenny permaneció callada un rato.
Luego, a mitad de la cena, ella también habló.
No fue fácil. No fue cálido.
Pero tampoco fue distante.
Observé todo en silencio.
Dejando que ocurriera, porque esto no era algo que yo pudiera controlar.
Nunca lo fue.
Más tarde aquella noche, después de lavar los platos y cuando la casa ya se había calmado, salí afuera.
Edwin estaba otra vez en el porche.
Me apoyé en la barandilla.
—No estás libre de esto —dije.
—Sí.
—Van a tener preguntas.
—Estoy listo.
Aquella noche se sintió más silenciosa, más ligera de una manera que no había esperado.
No porque todo estuviera arreglado, sino porque todo por fin estaba sobre la mesa.
Ya no había más dudas.
Solo… lo que viene después.
Y por primera vez en mucho tiempo, todos estábamos en el mismo lugar para resolverlo.
Juntos.