La pequeña nació en silencio. Durmió bien, rara vez lloraba y se calmaba rápidamente. Los primeros meses pasaron sin ninguna dificultad particular. Los padres se adaptaron al nuevo ritmo y empezaron a creer que eran simplemente afortunados.
Pero una noche todo cambió.
Al principio, el niño comenzó a quejarse lentamente. Después de unas horas el grito se hizo más fuerte y, hacia la noche, se convirtió en un grito continuo. No se calmó en sus brazos ni en su cuna. Su cuerpo estaba tenso, su cara roja y su sin aliento.
Su padre lo llevaba por la habitación tratando de acunarlo. La madre lo intentó todo. El bebé había sido alimentado, cambiado y cubierto bien. En la casa hacía calor, pero el llanto no cesaba.
Hacia la noche fueron a la sala de emergencias. Los médicos lo visitaron, revisaron los signos vitales y dijeron que eran cólicos comunes de la infancia. Recomendaron masajes y gotas para los ojos y los enviaron a casa.
Los padres confiaban.
Durante los dos días siguientes el niño casi no duerme. Estaba llorando día y noche. Los padres se alternaron, lo sostuvieron en sus brazos y caminaron alrededor del apartamento, pero fue en vano. La fatiga aumentó, al igual que la ansiedad.
En la tercera noche el padre envió a su esposa a descansar y permaneció solo con el niño. Lo colocó en el portabebé en su pecho y caminó lentamente de habitación en habitación. Con el tiempo el llanto se debilitó y se convirtió en un fuerte aliento.
Cuando el niño se calmó un poco, el padre lo miró con cuidado. Se dio cuenta de que una pierna se movía normalmente, mientras que la otra apenas se movía y estaba doblada. Le parecía extraño.
Descomprimió su ropa y lo comprobó mejor. Al principio todo parecía normal. Luego se quitó los calcetines y notó un detalle inquietante
Un pie era normal. El otro estaba hinchado, cálido y rojo oscuro. Entre los dedos había un hilo muy delgado, casi invisible: un pelo largo, probablemente de su esposa.
Se había envuelto alrededor de los dedos del bebé agarrándolos fuertemente. El flujo sanguíneo había sido bloqueado por el pelo delgado y la piel había comenzado a crecer sobre él.
El padre despertó a su esposa e inmediatamente fueron al hospital. En la sala de emergencias, le mostraron a los médicos la pierna. La reacción fue inmediata.
No eran cólicos.
El niño fue llevado a la sala de operaciones con urgencia. Los médicos dijeron que, con un poco de retraso, las consecuencias podrían ser irreversibles.
Los padres llegaron justo a tiempo. Para un adulto, un cabello delgado no sería un gran problema, pero para un recién nacido, con una piel tan delicada, se arriesgaba a llevar a la amputación.