El jefe fingió estar ciego en su mansión, hasta que una empleada descubrió la traición: “Alguien de aquí intentó matarme”

Parte 2
Marisol se escondió detrás de una cortina pesada mientras Damián entraba al despacho con el paso seguro de quien cree conocer todos los rincones de una casa. Le dijo a Alejandro que la policía estaba presionando, que los socios de Sinaloa hacían preguntas y que algunos empleados parecían nerviosos. Alejandro fingió torpeza, derramó un poco de café sobre la mesa y dejó que Damián se acercara demasiado. Desde su escondite, Marisol vio algo mínimo: el supuesto hermano miró directamente hacia la caja fuerte, no hacia Alejandro, como si confirmara que algo seguía ahí. Esa noche, ella entendió que su vida había cambiado. Durante 7 días limpió pasillos, lavó copas, cambió sábanas y recogió secretos. Renata entraba a la oficina privada cuando creía que nadie la veía. La señora Elvira, ama de llaves, guardaba copias de llaves en una lata de galletas. Un chofer llamado Toño presumió haber pagado una deuda de 300,000 pesos sin explicar cómo. Y Damián recibía llamadas a medianoche en el jardín, siempre usando la palabra “entrega”. Marisol dejaba notas dobladas bajo una loseta floja de la lavandería. Al día siguiente, las notas desaparecían. Alejandro nunca le daba las gracias, pero la casa empezó a temblar. Un escolta fue despedido por mentir sobre su turno. Toño perdió el color cuando le pidieron explicar su deuda. Renata, furiosa, acorraló a Marisol junto al cuarto de blancos y le apretó la muñeca con tanta fuerza que le dejó marcas. Le susurró que las sirvientas que se metían donde no debían terminaban llorando en la calle. Marisol, por primera vez, no bajó la vista. Cuando Alejandro apareció al fondo del pasillo con el bastón, Renata fingió inocencia, pero Marisol mostró la muñeca hinchada. Alejandro no levantó la voz; solo ordenó que Renata empacara sus cosas antes del anochecer. Al salir, Renata sacó el celular y envió un mensaje rápido. Marisol lo vio. Alejandro también. Pero él le dijo que Renata era ambiciosa, no inteligente; alguien más movía los hilos. A la mañana siguiente, la trampa cayó sobre Marisol. La señora Elvira abrió su casillero frente a todos y encontró un sobre con 80,000 pesos escondido entre su uniforme. Marisol juró que no era suyo, pero nadie la escuchó. Damián, desde la puerta, sonrió apenas, como si ya la hubiera enterrado. Alejandro entró con sus lentes oscuros y todos esperaron que la echara. En cambio dijo que llamaran a la policía, porque toda acusación merecía una investigación formal. Damián dejó de sonreír. Los agentes que llegaron no eran patrulleros comunes, sino investigadores de confianza. Revisaron cámaras, huellas y accesos. Antes de la medianoche, encontraron a Damián entrando a la lavandería a las 2:13 de la madrugada, las huellas de Renata en el sobre y un teléfono desechable pegado bajo el escritorio de Elvira. La casa entera empezó a sangrar mentiras. Pero Damián no huyó. Se quedó al lado de Alejandro, sirviéndole como hermano fiel, mientras sus ojos perseguían a Marisol con una promesa oscura. 2 noches después, Marisol despertó con humo bajo la puerta de su cuarto. La alarma no sonaba. La luz estaba cortada. Y desde la planta baja se escuchó un disparo.