Porque hacerlo implicaba reconocer que algo fuera del control científico había intervenido.
En redes sociales, cuando la historia comenzó a filtrarse, la reacción fue inmediata y polarizada.
Algunos hablaron de milagro, de fe, de intervención divina ignorada por una medicina arrogante.
Otros denunciaron el peligro de romantizar la superstición y desacreditar años de investigación científica.
La controversia creció cuando se reveló que la niña era hija de una trabajadora de limpieza del hospital.