En la aplicación de rastreo, la ubicación de mi marido y mi hermana siempre coincide en el mismo hotel todos los martes por la tarde, entran juntos a la habitación 402, envié ese mapa al grupo familiar…

“Este es un caso muy sólido, Carmen”, dijo el señor Morales después de ver mis pruebas iniciales. Su voz era tranquila, transmitiendo firmeza. “La infidelidad con un familiar político, especialmente con tu propia hermana, es una violación grave de los deberes del matrimonio según nuestro código civil. Si tu objetivo es un divorcio rápido con una sentencia que te favorezca plenamente en los bienes, las pruebas que has reunido son más que suficientes.”a

“Alejandro podría intentar reclamar parte de la casa porque pagó una parte de la reforma del año pasado”, dije, anticipando posibles fisuras legales. El señor Morales sonrió levemente. “La casa es un bien privativo, es tuya por herencia. La reforma no cambia su titularidad, pero para asegurarnos de que no tenga margen para reclamar nada, asegúrate de que la forma en que lo expongas lo deje en una posición indefendible. La vergüenza social a veces es más efectiva que una demanda judicial.” “No se preocupe, señor Morales”, respondí secamente. “Ya he preparado el escenario.”w

El fin de semana fue una tortura. Tuve que fingir que disfrutaba del tiempo en familia mientras los tres veíamos una película en el salón. Sofía se reía a carcajadas con las escenas de comedia mientras Alejandro me abrazaba cálidamente por los hombros. A mis ojos no eran más que dos monstruos con máscaras.

El lunes por la noche, justo después de que Alejandro se quedara dormido, agotado, entré en mi despacho y cerré la puerta con llave. Solo la tenue luz de la lámpara de escritorio y el brillo de la pantalla del portátil iluminaban la habitación. Era la noche de la ejecución de mi plan.q