Era una simple fotografía familiar de 1872, hasta que un detalle en la mano de una mujer le llamó la atención.
Al principio, parecía como innumerables fotos familiares del siglo XIX. Una fotografía sepia, fechada en 1872. Una pareja sentada rígidamente frente a un fondo de madera, con cinco niños a su alrededor, todos vestidos con sus mejores galas y mirando al frente con expresiones serias, marcadas por la larga exposición. Era una de esas fotografías que se funden discretamente con los archivos: se notan, pero rara vez se cuestionan.
Pero esta foto ocultaba algo más.
El detalle oculto a simple vista.
El descubrimiento llega más de un siglo después. Sarah Mitchell, historiadora y archivista de Richmond, digitalizó la fotografía de alta resolución cuando su atención se desvió de los rostros.