La primera vez que acompañé a mi jefe a un viaje de trabajo, nunca imaginé que… terminaría durmiendo a su lado en la misma cama.

02

En cuanto entré al baño, cerré con llave. Solté un largo suspiro, como si hubiera escapado de la muerte.

Me eché agua fría en la cara una y otra vez para despejarme, pero mi cabeza seguía siendo un caos.

¿Qué fue lo que hice?

¿De verdad… me acosté con mi jefe?

¡Dios mío!
¡Con mi jefe!

Levanté la mirada hacia el espejo. La mujer que vi reflejada tenía el rostro encendido, el cabello revuelto y marcas rojizas en el cuello y cerca de la clavícula.

Marcas imposibles de negar.

Era verdad.

Sí había pasado algo entre el licenciado Rafael y yo.

¿Qué demonios ocurrió anoche?

Ah, claro…

Anoche fue mi primer viaje de trabajo con él. Después de cerrar con éxito un contrato importante, los clientes nos invitaron a una cena de celebración.

En esa fiesta, terminé aceptando varias copas por él porque se veía agotado…

Y después de eso…

¡Carajo! ¿Por qué ya no recuerdo nada?!

¿Fui yo la que empezó a coquetear?
¿O fue él quien dio el primer paso?
¿O acaso los dos perdimos el control?

¿Cómo terminé subiendo desde mi pequeña habitación hasta la suite más cara del hotel?

Ahora sí estoy perdida.

Salí del baño sintiendo que caminaba hacia mi propia ejecución. El desayuno ya estaba servido en una mesa redonda junto a la ventana: huevos benedictinos, fruta fresca y café caliente. El aroma de la comida contrastaba con la tensión sofocante entre nosotros.

Rafael se sentó y me observó mientras yo me acercaba lentamente. Sus ojos seguían clavados en mí, como si pudieran leer cada uno de mis temores.

—Licenciado —empecé, esforzándome por mantener la voz firme—. Sobre… lo de anoche. Solo quiero que sepa que… entiendo que fue por el alcohol. Este es un viaje de trabajo, y yo soy profesional.

Él tomó un sorbo de café sin cambiar la expresión.

—¿Y?

—Y… mejor hagamos de cuenta que no pasó nada entre nosotros. Estoy bien, no voy a tomarlo a mal. No voy a demandarlo ni a usar esto para conseguir un ascenso. Mejor olvidémoslo —solté rápido, mientras mis manos temblaban debajo de la mesa.

Rafael dejó el tenedor con un leve sonido metálico que casi me hizo brincar. Luego se levantó despacio y caminó hacia mí.

Yo retrocedí hasta que mi espalda chocó con la pared fría, pero ya era tarde: él me encerró entre sus brazos, apoyando las manos a cada lado de mi cuerpo.

Pude sentir el calor de su cuerpo y el aroma limpio de su jabón caro mezclado con menta. El famoso “Rey de Hielo” no tenía nada de frío a esa distancia.

—¿Olvidarlo? —murmuró, con la voz aún más grave que antes—. Después de vomitar sobre mis zapatos, llorar porque no querías dormir sola y obligarme a abrazarte toda la noche porque, según tú, “tenías frío”… ¿de verdad quieres que lo olvide?

Abrí los ojos de par en par.

—¿Y-yo hice eso?

Me sostuvo la muñeca y entonces vi algo que jamás habría imaginado en un hombre como él: sus labios estaban ligeramente tensos, y en sus ojos había… resentimiento.

—¿Por qué? —dijo en voz baja—. Después de lo que pasó anoche entre nosotros, ¿vas a huir así de tu responsabilidad conmigo, señorita secretaria?

—¿Mi… responsabilidad? —casi me atraganto con mi propia saliva—. ¿No se supone que yo debería decir eso?

—Tú me quitaste mi “primera vez” —dijo con total seriedad.

—¿Primera vez? ¡Licenciado, usted tiene treinta y dos años! No me diga eso para verme la cara…

—La primera vez que me quedo despierto toda la noche cuidando a una secretaria borracha que no quería soltarme —me interrumpió, acercándose poco a poco—. Y también la primera vez que siento que… yo tampoco quiero soltarla.

Mi corazón empezó a latir descontrolado.

Y no era miedo.

Era otra cosa.

—Así que no vuelvas a decir que lo olvide —añadió, mientras su pulgar acariciaba suavemente mi muñeca—. Porque ese “Rey de Hielo” del que hablan en la oficina… se derritió por ti desde anoche. Ahora vamos a desayunar, y cuando regresemos a Ciudad de México, hablaremos del nuevo “contrato” entre nosotros. Y esta vez no tendrá nada que ver con trabajo.

Tragué saliva.

Ese viaje de negocios que pensé que sería el fin de mi carrera… tal vez era apenas el comienzo de un problema mucho más grande.

Un problema bonito.

mpañé a mi jefe a un viaje de trabajo, jamás imaginé que… terminaría a su lado en la misma cama.