La puerta se abrió lentamente…
Pero no era él.
Era la misma mujer.
Tranquila. Serena. Como si nada hubiera pasado.
—Pasa —dijo suavemente.
Ella dudó un instante… pero entró.
Todo estaba… diferente.
La casa estaba casi vacía. Sin muebles, sin fotos, sin vida.
—¿Qué… qué pasó aquí? —preguntó, confundida.
La mujer la miró fijamente, con una expresión que ya no era fría… sino sincera.
—Tu esposo se ha ido.
El corazón le dio un vuelco.
continúa en la página siguiente