Llanto que no se detenía

Más tarde esa noche, sonó el teléfono de Daniel.

Era la niñera.

Al principio contestó con calma.

—“Hola, Lily.”

Pero después de unos segundos, su expresión cambió.

—“¿Qué quieres decir?” preguntó.

Megan levantó la vista de inmediato.

La voz de Daniel se tensó.

—“¿Hiciste qué?”

La habitación quedó en silencio.

Podía oír la tenue voz de una joven a través del teléfono.

Daniel se dejó caer lentamente en la silla.

—“Está bien,” dijo en voz baja. “Hablaremos mañana.”

Colgó la llamada.

Megan se levantó.

—“¿Qué pasó?”

Daniel nos miró a ambas.

Su rostro se había puesto completamente pálido.

—“Dijo que Noah lloraba mucho cuando nosotros no estábamos el otro día.”

—“Eso es normal,” dijo Megan nerviosa.

Daniel tragó saliva.

—“Sí… pero dijo que intentó detenerlo.”

—“¿Cómo?”