Llanto que no se detenía

—“Entonces… ¿nadie lo lastimó?”

La doctora sonrió.

—“No.”

Los ojos de Megan se llenaron de lágrimas nuevamente.

—“Todo este tiempo… pensamos que alguien podría haberlo dañado.”

La doctora negó con la cabeza.

—“Los recién nacidos con esta condición pueden hacerse moretones con cosas muy simples: ropa ajustada, sostenerlos con firmeza, incluso al presionar suavemente durante masajes en la pancita.”

De repente, todo tuvo sentido.

El masaje en el estómago.

La niñera sosteniéndolo con fuerza.

Incluso el examen en el hospital.

Todas esas pequeñas presiones pudieron haber causado las marcas.

El alivio

Megan comenzó a llorar —esta vez por alivio.

Daniel le rodeó el hombro con su brazo.

—“Me alegra tanto que esté bien,” dijo en voz baja.

La doctora explicó que la condición era temporal y fácilmente manejable con suplementos.

—“Noah estará perfectamente bien,” nos aseguró.

Al salir de la clínica, la luz del sol calentaba el estacionamiento.

Por primera vez en dos días, el pesado nudo en mi pecho finalmente se alivió.

Megan se inclinó y besó la pequeña frente de Noah.

—“Nos asustaste, pequeño,” susurró.

Daniel rió suavemente.

—“Ya nos tiene alerta.”

Una tranquila realización