Esperando respuestas
Los análisis de sangre no tardan mucho.
Pero la espera después se siente interminable.
Nos sentamos juntos en la pequeña sala de examen mientras Noah dormía plácidamente en su cochecito.
Megan sostenía fuertemente la mano de Daniel.
—“Me siento como una madre terrible,” susurró.
Daniel negó con la cabeza de inmediato.
—“No lo eres.”
—“Pero no vi los moretones.”
—“Yo tampoco.”
Me incliné hacia adelante.
—“Escúchenme,” dije suavemente. “Los buenos padres se preocupan. Por eso sé que ambos están haciendo lo mejor que pueden.”
Megan se limpió los ojos.
Pero aún podía ver miedo detrás de ellos.
Porque en el fondo, todos teníamos miedo de lo mismo.
¿Qué pasaría si algo peor estuviera sucediendo?
La verdad inesperada
Después de casi cuarenta minutos, la doctora regresó.
Pero esta vez, su expresión no mostraba preocupación.
Era calmada.
Incluso tranquilizadora.
Cerró la puerta detrás de ella y se sentó.
—“Tengo buenas noticias,” dijo.
La tensión en la sala se alivió un poco.
—“Noah está perfectamente sano.”
Megan exhaló con fuerza.
—“¿Y los moretones?” preguntó Daniel.
La doctora entrelazó sus manos.
—“El análisis de sangre muestra algo interesante.”
Hizo una pausa antes de continuar.
—“Su bebé tiene una condición leve llamada moretones por deficiencia de vitamina K.”
La miramos confundidos.
—“¿Qué significa eso?” pregunté.
—“Significa que la sangre de Noah no coagula tan rápido como la de la mayoría de los bebés,” explicó. “Por eso, incluso una presión muy ligera puede dejar moretones.”
Daniel parpadeó.