Jessica, de cuarenta años, despertó en una pesadilla: su silla de ruedas, su único medio de independencia desde un devastador accidente automovilístico, había desaparecido. En pánico y sin respuesta de su esposo Terry, se vio obligada a arrastrarse por el suelo de madera de su casa. El doloroso y humillante avance hacia el garaje estaba impulsado por un creciente sentimiento de traición, especialmente cuando escuchó a Terry reír detrás de la puerta cerrada del garaje junto a una mujer desconocida.
Convencida de que su esposo le ocultaba una infidelidad y que la había encerrado deliberadamente en el dormitorio, Jessica reunió sus fuerzas y abrió la puerta de golpe. Su corazón latía con fuerza mientras se preparaba para lo peor, solo para encontrar a Terry con una expresión culpable por una razón completamente distinta. A su lado estaba Dana, una especialista en movilidad, y sobre la mesa de trabajo estaba la vieja silla de ruedas de Jessica, completamente desarmada en piezas.
