Nuevos amigos.
Una nueva vida.
Las cartas se hicieron más cortas.
Luego, menos frecuentes.
Y entonces, un día, simplemente dejaron de escribirme.
Volví a mirar su foto de perfil.
Había cambiado, claro.
Canas.
Arrugas finas alrededor de los ojos.
Pero su sonrisa…
Era la misma.
Me quedé mirando la pantalla un buen rato y, casi sin poder creerlo, escribí:
"¿Linda? Espero que seas tú. Soy Michael… del instituto Lincoln."
La respuesta llegó unos minutos después.