A diferencia de los callos, que aparecen como respuesta natural del cuerpo frente a la fricción o presión repetida, el ojo de pescado tiene un origen completamente distinto. Está provocado por el virus del papiloma humano (VPH), un microorganismo que puede ingresar en la piel a través de pequeñas grietas, heridas o zonas debilitadas. Una vez dentro, el virus estimula un crecimiento irregular de la piel que da lugar a esta lesión característica.
Este detalle es clave para entender por qué el ojo de pescado no debe tratarse como una dureza común. Al ser una infección viral, tiene la capacidad de propagarse a otras áreas del mismo pie e incluso transmitirse a otras personas en determinadas condiciones. Los ambientes húmedos y compartidos, como piscinas, vestuarios, gimnasios o duchas públicas, son lugares donde el contagio puede ocurrir con mayor facilidad, especialmente cuando se camina descalzo.
En cuanto a su aspecto, el ojo de pescado suele presentarse como una zona endurecida, redondeada y ligeramente elevada. Sin embargo, existen algunos signos que ayudan a diferenciarlo de un callo. Uno de los más característicos es la presencia de pequeños puntos negros en el interior de la lesión. Estos puntos no son suciedad ni restos de piel, sino pequeños vasos sanguíneos coagulados que forman parte de la estructura de la verruga.
El tipo de dolor también puede servir como pista para distinguir entre ambos problemas. Un callo suele generar molestias cuando se presiona directamente desde arriba, debido al exceso de piel endurecida. En cambio, el ojo de pescado tiende a doler más cuando se ejerce presión lateral, como si la sensación proviniera desde el interior del pie.
La ubicación es otro factor que puede ayudar a reconocer la diferencia. Los callos aparecen generalmente en zonas donde el pie sufre roce constante con el calzado, como el talón o los bordes de los dedos. Las verrugas plantares, en cambio, suelen desarrollarse en puntos específicos de la planta del pie o entre los dedos, donde el virus encuentra condiciones favorables para multiplicarse.