Parte 2 El sol estaba en lo más alto, quemando la tierra como....

El sol estaba en lo más alto, quemando la tierra como si quisiera borrar todo rastro de vida, cuando vi a Severina caminar por el camino de polvo con los pies descalzos.

No caminaba… resistía.

Llevaba siete meses de embarazo, un hijo de seis años aferrado a su falda y una niña de cuatro colgando de su cadera como si fuera lo único que le quedaba en este mundo.

Y, siendo honestos, lo era.

Yo estaba ahí. Vi cómo tocó la primera puerta.

—Por favor… solo un poco de agua —dijo con la voz rota.

La puerta se abrió apenas lo suficiente para verla… y luego se cerró.

Sin gritos. Sin insultos.

Peor.

Con miedo.

Porque en ese pueblo, ayudar a Severina tenía consecuencias.