Parte 2 Encerré a mi hija durante 3 días y todo el mundo me llamó monstruo…

Parte 2:

El oficial no bajó la mano.

—El teléfono, señora.

Lo sostuve con más fuerza.

Podía sentir la mirada de todos encima de mí.

Los vecinos.
Mi hija.
Los policías.

Y esa sensación… de que cualquier movimiento equivocado iba a romper algo que ya estaba al borde.

Respiré hondo.

Y se lo entregué.

El oficial empezó a revisar.

Deslizó.

Leyó.

Se detuvo.

Volvió a leer.

Su expresión cambió.

No de inmediato.

Pero lo suficiente.

—¿Desde cuándo tiene estos mensajes? —preguntó sin mirarme.

—Desde ayer.

—¿Y no los reportó?

—No.

—¿Por qué?

Esa pregunta…

Tenía muchas respuestas.