PARTE 2: Las medicinas en la basura Doña Carmen fue la primera en….

 

—¿Tú qué?
Doña Carmen intervino rápido:
—No hagas un drama. Eran pastillas. Podía comprar más.
Santiago explotó.
—¡Eran medicamentos recetados!
Su grito hizo que las cuatro se estremecieran.
—¡Mariana tiene anemia! ¡Tiene la presión alta! ¡Esos suplementos son para protegerla a ella y al bebé!
Valeria empezó a ponerse pálida. —Era hierro nada más…
—¡Era medicina para mi esposa embarazada!
Santiago se llevó ambas manos a la cara, tratando de no perder el control.
—¿Tiraron sus medicinas porque pensaron que no estaba sufriendo lo suficiente?
Nadie respondió. Porque no había excusa. Solo crueldad.
Santiago subió corriendo. Encontró a Mariana recostada de lado, con una mano en el vientre y los ojos llenos de miedo. —¿Qué pasó? —preguntó ella.
Él se arrodilló junto a la cama. —Tiraron tus medicinas.
Mariana rompió en llanto. —Yo iba a reponerlas mañana. Pero tu mamá dijo que ya había gastado mucho este mes y que no podía estar pidiendo dinero para todo.
Santiago sintió náuseas. —¿Por qué no me lo dijiste?
—No quería parecer malagradecida.
Esa palabra lo destruyó. Malagradecida.
Su esposa se sentía culpable por necesitar medicina dentro de la casa que él pagaba.
Santiago apoyó su frente contra la de ella. —Nunca vuelvas a pedir perdón por cuidarte.
Llamó a la doctora de inmediato. Esta vez, al escuchar lo de los medicamentos y los síntomas, la respuesta fue inmediata.
—Llévala al hospital ahora mismo.
Próxima
El miedo le atravesó el pecho.
Santiago preparó una bolsa, tomó los papeles del seguro, una cobija y cargó a Mariana con cuidado. Cuando bajó las escaleras con ella en brazos, las cuatro mujeres seguían en la sala, inmóviles.
Doña Carmen tenía los ojos abiertos, como si recién entendiera la gravedad.
Santiago se detuvo en la puerta. —Cuando regrese, quiero esta casa vacía.
—¿Vas a echar a tu madre? —susurró ella.
Santiago acomodó a Mariana contra su pecho. —No. Por fin voy a proteger a mi verdadera familia.
Y mientras salía rumbo al hospital, Mariana sintió otra punzada que hizo que Santiago acelerara el paso, sin saber si aún llegarían a tiempo.
Continuará en los comentarios