PARTE 3

Justo cuando iba a responder, la puerta principal se abrió. Entró Marcos trayendo consigo el olor a humo de coche y el viento de la noche. Al verme en la cocina, con la caja de cartón en la mano y a Laura a mi lado, frunció el ceño. Levanté la caja. “Llegas justo a tiempo. Explícame qué es esto.” Marcos, sin siquiera cogerla, se dirigió a su hermana. “¿Qué ha hecho ahora?” Laura, aprovechando la oportunidad, cambió de tono en un abrir y cerrar de ojos. “He dejado unas cosas en la cocina y se ha puesto a rebuscar en la basura y a interrogarme como si fuera una delincuente.”

Me eché a reír, pero fue una risa amarga que me rascaba la garganta. “Rebuscar. Mira, Marcos, aquí pone claramente para mujeres embarazadas. Y esto”, señalé hacia Laura, “el informe de la ecografía que me acaba de quitar de las manos. Dice: ‘Edad gestacional, 11 semanas.’” Marcos no pidió ver el papel, ni preguntó por qué había algo así en casa. Lo primero que hizo fue mirarme con esa expresión de fastidio tan suya. “Alba, ¿puedes no convertir unanimiedad en un drama?” Me quedé helada. “Un miedad, claro, unanimedad”, dije con ironía. Él suspiró con fuerza. “Es normal que alguien en casa compre algo para una amiga o una conocida. En cuanto ves algo raro, montas un escándalo.”

Lo miré directamente a los ojos, buscando un atisbo de sorpresa, de confusión. No lo había. Solo evasivas, solo irritación porque había tocado algo que debería haber permanecido oculto. En ese momento, Pilar salió de su habitación. Se quedó en el umbral con el rostro pálido, pero su mirada pasó rápidamente por mi mano, por la caja y se detuvo en Laura. Solo con esa mirada lo entendí todo. La gente de esta casa no solo sabía lo que pasaba, estaban todos con pinchados para ocultarlo.

Dejé la caja suavemente sobre la encimera. Cuanto más suave era el gesto, más se hundía mi corazón. Resulta que la sensación de estar al otro lado de una puerta cerrada es así. Es fría, fina y afilada y te corta sin necesidad de hacer ruido. Tras aquella noche en la que encontré la caja de vitaminas y tanto Marcos como Laura me cerraron la boca en la cocina, no volví a decir ni una palabra, no porque no tuviera nada más que decir, sino porque entendí una cosa muy clara. Cuando tres personas de la misma casa se ponen de acuerdo para ocultar algo, cuanto más discutes, más te miran como si tú fueras la que está causando problemas.

PARTE 1, 2