Las connotaciones fueron variando a lo largo de los años; inicialmente se las vinculaba a un mal augurio, pero otras corrientes las relacionan con la transformación y la energía renovada
A lo largo de la historia, la aparición de un animal o la presencia de un elemento de la naturaleza ante los seres humanos podía tener un significado u otro, según el momento y las circunstancias en las que se diera el fenómeno.
Las distintas culturas supieron crear mitos y leyendas en torno a los diferentes sucesos del ambiente natural en el que se encontraban, y algunos de ellos permanecen hasta nuestros días, aunque con variaciones en su connotación, positiva o negativa, respecto de lo que representaban en cada momento.
Las mariposas, por su naturaleza y metamorfosis, están relacionadas con la transformación y los cambios. Además, por su corta vida se las vincula a lo efímero, a la ligereza de su vuelo y por supuesto, a la época del año en la que aparecen, que coincide con la proximidad de la primavera o el verano.
Sin embargo, el significado puntual de las mariposas negras, que no se ven comúnmente, pero cada tanto aparecen, inicialmente, remitía a un mal augurio, a la llegada inminente de una mala noticia, e incluso tenía una connotación luctuosa para quien la viera o para su entorno.
Con el paso de los años, esta imagen negativa de las mariposas negras fue cambiando y ahora, para muchos representa todo lo contrario: la renovación, el cambio y la vida, por su transformación de oruga a crisálida, hasta convertirse en mariposa adulta.
En tanto, para la creencia católica, el budismo o el Feng Shui, las mariposas representan la resurrección, la perseverancia, la libertad y la resiliencia
En plena boda de mi hija, ella escondió una nota en su ramo que decía “Papá, ayúdame”, y antes de que el novio terminara sus votos, lo detuve frente a 200 invitados porque ya sabía lo que planeaba hacer con mi rancho y conmigo.
Di a luz sola; apenas unas horas después, mi madre me envió un mensaje: “Los hijos de tu hermana necesitan teléfonos nuevos; envía 40 mil pesos”. Me quedé en silencio. Una semana después, apareció en mi puerta gritando: “¿Qué te pasa?”. Ese fue el momento en que me quebré…
Fingí salir a caminar como todos los días. Nadie sabía que esa mañana no entré al parque… sino que caminé directo al banco, donde mi yerno estaba declarando frente a todos que yo había perdido la razón.
Después de 60 años en los que, junto a mi esposa, visitábamos nuestro banco especial, regresé solo… y no podía creer quién estaba sentado allí
VOLÉ A TRAVÉS DE TODO EL PAÍS PARA LA BODA DE MI HIJO — PERO CUANDO LLEGUÉ A LA IGLESIA, SE PARÓ FRENTE A LA PUERTA Y DIJO: “MAMÁ, YA NO ERES BIENVENIDA AQUÍ.”