—¿Qué avaló su esposa?
La expresión de Adrian se tensó.
—Mara… no hagas esto aquí.
—Tiene razón —dije con calma—. Este es mi lugar de trabajo. Disfrute del vuelo mientras pueda.
Más tarde, durante mi descanso, me conecté al wifi del avión y le envié un mensaje a un abogado. Documenté todo: su presencia, los cargos, el uso indebido de fondos de la empresa.
La respuesta llegó rápidamente.
«Mantén la calma. Reúne todo lo que puedas. Yo me encargo del resto».
En ese momento, algo se tranquilizó dentro de mí.
No era solo una esposa traicionada.
Estaba preparando pruebas.
Parte 3:
Al amanecer sobre España, la cabina se llenó del aroma a café y de un cansancio silencioso. La mujer, Lila, me detuvo al pasar.
«¿De verdad eres su esposa?», preguntó.
La miré con calma.
«¿Te dijo que estábamos separados o que yo no podía apoyar sus ambiciones?».
No respondió. Eso fue suficiente.