Al amanecer, con el horror de la traición recorriendo su cuerpo, la joven huyó de la casa. Corrió directo a un abogado honesto del pueblo, relatando los documentos y la trampa que le habían tendido. Gracias a su valentía y a las pruebas reunidas, el contrato del matrimonio fraudulento se volvió en contra del hombre en los tribunales. Además, las autoridades encargadas de supervisar la herencia se enteraron del sucio plan que había intentado ejecutar.

Al final, el hombre perdió la herencia y su reputación quedó totalmente arruinada. La joven, en cambio, logró recibir la ayuda prometida mediante una demanda por daños y perjuicios. Su padre salió de prisión, su madre recuperó la salud, y ella salvó su vida gracias a su inteligencia y rectitud. Ahora, sus manos ya no solo olían a leche, sino también a libertad y paz.