La palabra salió apenas por encima de un susurro.
“Sí, cariño. Estoy aquí. Justo aquí.”
La mano de ella se movió un poco, como si necesitara asegurarse de que él era real.
“Pensé… que tal vez te habías olvidado de nosotros…”
El pecho se le cerró de una manera que le dificultó contestar, pero aun así obligó a salir las palabras, firmes y seguras.
“Eso nunca iba a pasar. Nunca.”
La verdad escrita en su piel
Mientras ajustaba la forma de sostenerla, intentando ser lo más delicado posible, empezó a notar los detalles que no había visto en aquel primer instante abrumador, y cada uno cayó como una revelación silenciosa y devastadora.
La leve decoloración a lo largo de sus brazos.
La forma en que sus hombros se tensaban ante el más mínimo movimiento.
Las marcas que contaban una historia que ningún niño debería tener que cargar.
Se le cortó la respiración al mirarla, y aunque no dijo las palabras en voz alta, la pregunta ardió en su mente con una claridad dolorosa.
¿Quién hizo esto?
continúa en la página siguiente